Innovación e internacionalización son dos constantes en los más de 120 años de historia de Miele. Lo que comenzó como una humilde fábrica de desnatadoras en Alemania a finales del siglo XIX se ha convertido en uno de los referentes mundiales de electrodomésticos de alta gama.
De desnatadoras a electrodomésticos de lujo
La transición de Miele de fabricar desnatadoras a fabricar lavadoras, y posteriormente su introducción en el mercado del mobiliario de cocina, es un ejemplo perfecto de cómo una empresa familiar puede ampliar su cartera de productos manteniendo intactos sus valores fundacionales: calidad máxima, durabilidad y servicio al cliente.
Immer besser — siempre mejor. Ese ha sido el lema de Miele desde su fundación, y explica por qué cada generación familiar ha tomado decisiones pensando en el largo plazo, no en los beneficios trimestrales.
Las claves del modelo de empresa familiar industrial
Lo que hace especialmente interesante a Miele desde la perspectiva de la empresa familiar es su capacidad para mantener la propiedad familiar durante más de un siglo sin perder competitividad global. Han sabido combinar la gobernanza familiar con la profesionalización de la gestión, incorporando directivos externos cuando era necesario sin perder el control estratégico.
Su apuesta por la calidad premium en un mercado donde la competencia presiona hacia abajo los precios es una decisión de valores tanto como de estrategia. Las familias propietarias han preferido siempre márgenes sólidos con volúmenes menores a crecer con márgenes erosionados.
Lecciones para la empresa familiar industrial española
El caso Miele ofrece varias reflexiones aplicables a las empresas familiares industriales de nuestro entorno. La primera es que la calidad sostenida en el tiempo genera valor de marca que ninguna campaña publicitaria puede comprar. La segunda es que la internacionalización no riñe con mantener la identidad y los valores familiares; al contrario, puede ser la expresión más ambiciosa de ellos.